La caca de chango


Al Capone y Juárez, los años de la Prohibición by lacacadechango
September 19, 2008, 6:48 am
Filed under: Vida Y Sociedad, X Leyendas de Juaritos

Los años de la prohibición

Ignacio Alvarado Álvarez

Una caravana de cinco autos impecables provenientes de El Paso atravesó el recién inaugurado puente de concreto de la avenida del Comercio y se internó hacia la zona de cabarets, en el lado mexicano. El carro guía, negro como todos los demás, viró hacia su derecha dos calles después de cruzar la frontera para llegar a la avenida Juárez, en donde condujo brevemente en dirección norte, hasta quedar frente a las puertas del Nuevo Tívoli.

Al Capone, al centro. “Icono de la época”

Oscurecía cuando a poco más de las siete de la noche, a finales de octubre de 1929, el grupo de escoltas caminó a la acera contraria para adentrarse en el entonces famoso Café Lobby, dice una crónica de entonces. Pero muy pocos se interesaron en saber a quién custodiaba esa veintena de hombres vestidos de traje y corbata.

Ciudad Juárez era un parador obligado de famosos y pudientes. Celebridades del mundo artístico, políticos y criminales de altos vuelos iban de un lugar a otro, extasiados por la desbordante oferta  de diversión que existía en las calles.

Se trataba de una frontera efervescente. En los diarios locales se anunciaban luchas de toros contra leones y los habitantes apenas se habían despedido de José Vasconcelos, quien los visitó en su calidad de candidato presidencial por el Partido Antireeleccionista.

Menos de un par de semanas atrás las autoridades locales habían decretado una ley para regular la venta de licor, presionados por los conservadores de Texas y de la capital de Chihuahua, que veían en Juárez una ciudad consagrada al libertinaje vulgar.

La hora en que descendieron de los autos aquellos hombres pareció entonces la más adecuada, con transeúntes presurosos casi a la hora del cierre de los centros nocturnos y los parroquianos enfrascados en pláticas sobre los sucesos del pasado reciente.

Al Capone fue descubierto hasta que tomó posesión en la barra del café y ordenó una limonada antes de encender un habano, según contó a su hijo el mesero que lo atendió, un hombre llamado José Luis Venegas. No consumió otra cosa. El famoso Caracortada simplemente descansó junto a sus hombres, que ingirieron cócteles ligeros sin llegar a embriagarse, y luego de una hora abandonó el establecimiento de la misma forma en que llegó, escoltado, sin descuidar flancos.

Venegas contó a su hijo, mesero y con el mismo nombre de su padre, que recibió una propina jugosa, de 15 dólares, igual que el resto de sus compañeros. Una cantidad que les sentó fabuloso, pues en la época el mínimo era de dos pesos y cincuenta centavos, equivalentes a poco más de un cuarto de dólar.

La visita del gángster no fue un llamado de la popularidad que tenía Ciudad Juárez entre quienes andaban en busca de licor, juegos y bailarinas. De hecho nadie sabe con certeza si estuvo de paso o en misión de trabajo. Lo que se sabe es lo que la historia dice: Eran los tiempos de la prohibición y comenzaba el período recesivo de la economía estadounidense, y Juárez, por encima de cualquier otra ciudad fronteriza, era la meca del contrabando de alcohol y la única en donde operaban dos destilerías de un whisky inmejorable.

Los años dorados

“Del tema del contrabando no quisiera hablar, porque se trata de algo tan controvertido…”

Gabriela Quirarte Gómez es la nieta de un español emigrado a principios de siglo de Valdeavellano de Tera, en la Provincia de Soria. Julián Gómez no sólo fue dueño del Café Lobby y otros negocios de gran prestigio durante esa primera mitad del siglo XX. Fue también el propietario de la D.M. Distillery Co. S.A, la más grande e importante fábrica de whisky que haya existido en México.

“Yo preferiría hablar sobre lo que era Juárez en aquella época, porque pienso que es como mejor puede entenderse la historia del whisky”, dice Quirarte, sentada detrás de un viejo mesón de madera en lo que fue la entrada, 80 años atrás, a una tienda de mercancías importadas.

Ese recibidor funge hoy como un privado lleno de enormes fotografías en sepia y blanco y negro. Todo lo que rodea a la actual directora de la vieja destilería evoca los años de fortuna que vivió la ciudad durante tres décadas, desde principios de 1920 hasta entrados los 50’s. Almanaques con pinturas de rostros de mujer, sillones confeccionados con restos de barricas de roble, portavasos y charolas de lámina repujada.

El edificio donde operan las oficinas de la D.M. Distillery es oscuro, silencioso y el polvo concentrado de todos esos años cala en la nariz.

“Eran tiempos en los que venía mucha gente, sobre todo de Estados Unidos. No había puentes –en el sentido de control de migrantes como existen ahora- y por tanto era otro el nivel que se tenía. Había mucha actividad comercial, muchas tabernas de gran nivel y, en la década de 1930, mucho cabaret, como el Tívoli o el China Palace. Era una ciudad glamorosa”.

En 1909, el año en que fue transferida de Kentucky la franquicia de la destilería, Ciudad Juárez era un conglomerado con algo de modernidad pero sin demasiado orden. La población rondaba los 10 mil habitantes, que vivían principalmente del comercio.

La novedad industrial era un par de molinos de harina a vapor. Juárez distaba mucho de ser una ciudad sombría: las calles tenían alumbrado público a base de gas, operaban tres líneas de telégrafo, una de teléfono, un par de rutas de tranvía, una cervecería, una fábrica de hielo y un par de bancos. La actividad comercial con El Paso era tal que para entonces se conectaban por cuatro puentes de madera.

“¡Era tan niña mi ciudad santa!”, dice el periodista Armando Borjón Parga, retraído en el recuerdo de esa época que le contaron sus mayores.

Parga es en muchos sentidos un eco del pasado. Lleva años viviendo en el viejo y modesto hotel Juárez, vecino a la antigua Guarnición de la Plaza, y cuenta sus historias cada día, sentado en la solitaria barra del El Ritz, donde bebe cerveza clara entre penumbras.

En la ciudad de entonces, evocada por el periodista, existían unas cuantas colonias y barrios. Y fue en uno de ellos, conocido hasta hoy como La Chaveña, en cuyos perímetros se estableció la fábrica de whisky.

“La zona fue elegida debido a su clima árido y seco, que es perfecto para el añejamiento del whisky”, explica Gabriela Quirarte. “Las barricas se colocaban al sol, en los patios de la destilería, y a pesar de la merma se lograba un producto de gran calidad”.

Los socios que trajeron la franquicia, John Don Levy y FC Mckey, encontraron en Julián Gómez a uno de sus mejores clientes. El español había fundado por aquellos años un gran almacén, llamado Casa Gómez, en el que podía adquirirse licor importado, embutidos y alimento en lata traídos desde Europa.

Para 1922 Julián Gómez era el principal vendedor del Juárez Whiskey Straight American, el producto de la D.M. Distillery y por esa razón Don Leevy y Mckey le invitaron como socio. Siete años más tarde, Gómez se quedaría al frente como dueño único de la fábrica, al adquirir las acciones de los dos estadounidenses.

La década fue decisiva no sólo para el comerciante español. La ciudad había entrado a un torbellino que la envolvía presurosamente en las demandas de una gran masa perturbada, primero por las estrictas leyes texanas y posteriormente por el decreto de la ley Volstead, en toda la Unión.

En 1922, obligado por la ley seca, Abraham Binard decidió también trasladar su fábrica The Western Distillery a esta frontera. La franquicia operó sin embargo hasta 1926, cuando fue adquirida por Servando Lizárraga, quien contrató a un par de jóvenes empresarios para que la administraran: Antonio J. Bermúdez, a la postre director general de Petróleos Mexicanos, y René Mascareñas, quien años más tarde fue alcalde de la ciudad.

Si bien muchos creían haber encontrado el cuerno de la abundancia, otros, sobre todo desde afuera, almacenaban grandes dosis de rencor hacia la ciudad, calificándola con lo más florido del lenguaje lapidario.

“Juárez es el lugar más inmoral, degenerado y perverso que he visto u oído contar en mis viajes. Ocurren a diario asesinatos y robos. Continuamente se practican juegos de azar, se consumen y se venden drogas heroicas; se bebe en exceso y hay degeneración sexual”.

Eso fue lo que dijo en 1921 John W. Dye, entonces cónsul general de los Estados Unidos en Ciudad Juárez, según una cita de Oscar J. Martínez, publicada en su libro “Ciudad Juárez: El auge de una ciudad fronteriza a partir de 1848”.

No fue el único, pero tampoco amedrentó a los dueños de la noche, que en su mayoría eran estadounidenses exiliados por la prohibición. La propaganda que invitaba a esas noches en “Sodoma y Gomorra”, como decían los puritanos, llegaba a los vagones del ferrocarril que iba desde el este a las costas del pacífico californiano, y se extendieron hasta ciudades y pueblos relativamente próximos a El Paso.

El gobierno de Texas reaccionó ordenando el cierre temprano de los puentes internacionales con México, como una forma de persuadir las visitas nocturnas.

El 4 de julio de 1924, más de un millar de juarenses que se empleaban en los centros de diversión elevaron sus protestas y obligaron a la revocación del ordenamiento.

En 1929, cuando se decretó para el municipio la suspensión de venta de licor a partir de las nueve de la noche, en realidad la ciudad se hallaba en el umbral de su década dorada. Estaba por dejar los turbulentos años 20’s que sustentaron parte del enorme contrabando de alcohol e hicieron aprender a los empresarios maneras menos convulsionadas a la hora de atraer al avasallante turismo de paso.

Noches sin honky tonk

Hacia finales de la década de 1920, la derrama económica era verdaderamente grande. Los comerciantes establecidos en El Paso habían encontrado el lado positivo al desenfreno de su vecina. Cada año, los juarenses les dejaban unos 17 millones de dólares, una cifra que verían crecer sin que jamás se haya retraído.

Estados Unidos entraba a su peor recesión económica y mantenía la prohibición del alcohol. Ciudad Juárez se beneficiaba de ello, y de ser una aldea polvorosa se había convertido, en sólo 10 años, en la quinta ciudad con mayor crecimiento del país.

La prosperidad era notable. En febrero de 1931 la compañía sueca Ericsson puso en funcionamiento la primera línea telefónica que conectaba a la ciudad con la capital del estado, y ese mismo año, el “Águila y el nopal”, la primera producción cinematográfica con sonido, se proyectó en el teatro Colón.

Comenzaba el glamour del que habla la heredera de la D.M. Distillery.

Eran tiempos, dice Gabriela Quirarte, en el que la gente se comportaba a la altura. Entre otras cosas, sabía beber y el Juárez Whiskey Straight American les generaba un licor de alta graduación y gran cuerpo. Para entonces, las 50 unidades de alcohol de ese bourbon dominaban el paladar de quienes concurrían en los centros nocturnos.

“Desde esa época y hasta los 50’s, la gente tenía costumbres muy distintas a las de hoy. Solían beber, por ejemplo, un whisky a la hora de la comida y volvían a trabajar por las tardes, sin problema alguno. Esos tiempos ya se han ido”.

Una década había bastado también para los empresarios locales. Su influencia fue desplazando a la de los inversionistas primarios, que llegaron de Estados Unidos, y para 1931 el municipio ordenó lo que cambiaría el rostro de las zonas de consumo: Desde ese año, los anuncios, rótulos y propaganda debieron hacerse en español y no en inglés.

Las destilerías conservaron, pese a todo, sus nombres originales. La D.M. Distillery y la D.W. Distillery eran ya parte del lenguaje fronterizo, lo mismo que sus productos. Y sobre todo, sus dueños hacían causa común con las autoridades.

En 1932, por ejemplo, un desabasto de agua potable los hizo contribuir con sus propias plantas y pozos para garantizar el flujo requerido por los habitantes.

Ciudad Juárez emergía también de años turbios. Algunos de los hombres de negocios y políticos más emblemáticos habían sido, los años previos, parte del negocio del contrabando de licor, un acto que no se penalizaba por las leyes mexicanas.

Posiblemente por ello, en 1933, Carlos Villarreal, un hombre que después sería alcalde de la ciudad, fue absuelto por un juez. Se le había consignado bajo cargos de contrabando de licor.

La justicia no era un acto aplicado. Ese mismo año una mujer llamada Ignacia Jasso, popularmente conocida como La Nacha, fue también absuelta por un juez de los cargos que existían en su contra por vender mariguana.

Tanto Villarreal como Jasso eran conocidos contrabandistas y vividores de lo ilegal. Pero el juicio popular era muy distinto al del Estado.

Para 1934, el whisky era la bebida de mayor consumo en los bares, cantinas y cabarets de la ciudad. Sin embargo, el ruidoso encanto de la década previa se extinguía de manera inexorable y casi nadie se daba cuenta.

El primero de esos cambios que enterró el pasado del que todos se duelen ocurrió en 1934, cuando se decretó el cierre del legendario Tívoli, el más grande y lujoso centro nocturno que ha existido en Juárez.

Su ascendente era tan grande que hasta los residentes de El Paso, críticos eternos de la vida desenfrenada de la ciudad, sintieron su cierre.

Dice una crónica del Herald Post:

“Se han ido ya aquellos salones repletos de los casinos; dejaron de oírse ya los honky-tonk de los burdeles y del juego abierto. En el Casino Tívoli el visitante ya no puede escuchar el click de las máquinas, ni el rifle lanzador de cartas, o el sing-song de las mesas de ruleta. El lugar ha sido cerrado por decreto presidencial”.

Las noches y el whisky de Ciudad Juárez tuvieron sus ecos. Los años siguientes ya no fueron tan esplendorosos, pero la fama alcanzó para que llegaran, así fuera por una hora y una copa, los iconos del pop art.

Lorenzo Hernández hace un par de años se jubiló como cantinero del Kentucky bar, situado a una cuadra de donde operó el Café Lobby. No le tocó servirle a Al Capone. Era muy niño para haberlo hecho. Pero sirvió whisky local a más de un notable: Marylin Monroe, John Wayne, Jim Morrison.


Hoy, quien quiera probar algo del pasado, todavía puede. Son pocas las botellas que produce la D.M. Distillery, en donde aguardan por mejores años para la estrella de esa época, el Juárez Whiskey Straight American.


26 Comments so far
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Preguntas: ¿Como puedo conseguir una botella de ese elixir?, ¿Cuál es el valor?, ¿Hay envío a otras partes del país, ejemplo MTY?
Gracias.

Comment by Gonz

Creo en Sanborns puedes conseguir el whiskey ese, y si no dejame consigo los telefonos de la disteleria

Comment by lacacadechango

que buenas cosas se hacian en Juárez ahora puro desmadre, esta chida esta pagina que chingon que alguien nos ilustre sobre nuestra ciudad gracias por el espacio

Comment by ricardo puente

Es muy interesante la cronica pero el nombre de la persona que adquirio la franquicia de Western Distillery esta mal este senor fue Don Santos Lizarraga , Servando fue su hijo y en 1926 que la cronica dice fue la adquisicion el tendria 9 anos. Hago esta aclaracion verdadera porque soy la nieta de Santos Lizarraga.

Comment by Carmen

muchisismas gracias Carmen, lo corregiré lo mas pronto posible

Comment by lacacadechango

If only more people could hear this.

Comment by Rena Grady

cccccccccccccccc

Comment by cristian

que onda si algien sabe dond comprar, una botella de wiskey straight american avisenme porfa.
que aqui ya no la consigo. tenquiote. o sea muchas gracias en Ingles

Comment by Pedrito

Soy de Juárez. Estudié y vivo en el D.F.. En mi época de estudiante, en los bares del DF cuando ordenaba whiskey y me decían que tenían todas las marcas, los ponía a parir chayotes cuando pedía Waterfill o Straight American. En visita a Juárez el Kentucky es parada obligatoria.

Comment by henry ponce

Nacho: ¿Publicaste antes, en otro lugar, este artículo? Está siendo citado en un libro y quisiera el dato completo y más antiguo para hacer la referencia justa.

Un abrazo y mil felicidades!

Comment by Agustín

INTERESANTE ARTÍCULO SR.CHANGO. SALUD CON UNA COPA DE ESTE GRAN ELIXIR, POR TU GRAN BLOG!

Comment by El Mundo De Sexo y Seducción 16

Que gran articulo a mi que me gusta tanto el Whiskey a diferencia del whisky me encantaría probarlo y mas sabiendo que se destila eni tierra conocida de mas por sus grandes bondades para la producción de bebidas espiritosas ya que yo soy de Guadalajara jal. Tierra del tequila

Comment by Guillermo Durán

Que hay de cierto que en el Kentucky dicen que es el primer lugar donde se sirvieron Margaritas

Comment by German RM

Donde hay o donde venden ese whisky

Comment by Anonymous

Hay algo que no concuerda en la historia de la visita de Al Capone a Cd. Juárez: Segun la pagina de web del FBI, Capone fue detenido por un cargo de posesion de armas en Mayo 17 de 1929 y estuvo preso por nueve meses hasta el año de 1930, por lo tanto la fecha no concuerda. Otro dato que no concuerda es el hecho de que en 1929, el Nuevo Tivoli, ubicado en la Ave. Juarez, todavia no existia. Existia el Tivoli (viejo) en la Lerdo y 16 de Septiembre, pero no el que aqui se relata. El Viejo Tivoli cerro en 1935 aprox., cuando Lazaro Cardenas decreto la prohibición de los juegos y apuestas. Luego a principios de los 40s se abrio el Nuevo Tivoli, para este tiempo, hacia años que la Prohibición en los Estados Unidos había terminado y ademas Al Capone ya había salido de la prision, una vez mas, enfermo y sin poder. Murio en Florida en 1947.

Puede que Capone haya estado en Juárez, pero no en ese tiempo, ni en ese lugar.

Comment by JRico

Investigando un poco mas, tendria que añadir que el Lobby Cafe and Bar, tampoco estaba en esta epoca en la Ave. Juárez.

Comment by JRico

Hola, interesante artículo, Nacho. Mencionas lo siguiente: “Lorenzo Hernández hace un par de años se jubiló como cantinero del Kentucky bar, situado a una cuadra de donde operó el Café Lobby. No le tocó servirle a Al Capone. Era muy niño para haberlo hecho. Pero sirvió whisky local a más de un notable: Marylin Monroe, John Wayne, Jim Morrison.” Sabes si hay algún documento, foto, artículo periodístico, est., donde se consigne que en verdad John Wayne estuvo en el Kentucky? Gracias!

Comment by Elpidia

hola saludos lei este reportaje y me llamo la atencion por que tengo una botella de waterfil and frazier original de 1927 y me gustaria venderla si a algin le intereza mi face book es julio infierno de gdl o mi cel 0443310437496

Comment by julio

¿Tienen facebook? Los invito a que se unan a la página JUárez de mis recuerdos….ahí pueden compartir sus historias y conocer y ver imagenes del Juarez de ayer

Comment by Lizette

Disculpe, la persona que brindo la información sobre los jóvenes empresarios de quienes quedo en administración la empresa es errónea. También quisiera saber en donde pudiera conseguir una botella de ese whisky.
Saludos
RGZB

Comment by Anonymous

I relish, result in I discovered just what I was taking a look for.
You’ve ended my four day lengthy hunt! God Bless you man.
Have a nice day. Bye

Comment by clashofclanstricksters.com

La información sobre los jóvenes empresarios que adquirieron la destilería es errónea. Efectivamente era Don Antonio J. Bermudez junto con su socio y amigo Don Adolfo Beyer.

El señor Rene Mascareñas era administrador y cuñado de Antonio J Bermudez. No era un joven empresario como lo mencionan.

Quisiera contactarme con el investigador del artículo.

Saludos y gracias

RGZB

Comment by Anonymous

Yo tengo una caja de Whiskey Waterfill and Frazier 6 años, la caja y las botellas no tienen fecha de produccion pero la tapa ya trae marbete por lo que supongo que deben ser de la decada de 1970 antes de que cerrara la destiladora.

Por si alguien se interesa por una de estas botellas de coleccion

Comment by Enrique Meza

me interesa una o dos botellas, dime el precio y nos ponemos de acuerdo

Comment by alberto bautista Inocencio

1,000 Pesos x Botella

Comment by Enrique Meza




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