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Recuerdo en Ciudad Juárez a aquellos vatos llamados “CHOLOS” aca con sus tramos(pantalones) holgados y bién planchaditos, su lima ó lizá (camisa) bién limpia, sus tirantes, aca el Tandito(sombrero), sus bombitas ó tablitas de charol(zapatos), sus gafas obscuras para cubrir a donde estaban dirigiendo la vista, sus tatuajes sobres la virgen y morritas que han tenido en su vida, y su cadenita que sostenia sus carteras, neta que eran vatos en su genero, muy elegantes, pulcros y limpios, ademas de muy trabajadores, no cualquiera tenía el estilo de ser “cholo”, ser aca un vato loco era algo que se iba ganando entre los camaradas del barrio, en aquellos tiempos el cholo era un deribado de los pachucos en lo cuál no entraré a la historia, pero estos vatos su misión era la cuidar el “Barrio” (colonia), cuidar a la clica del barrio, el bienestar, y es así que de esa forma se crea la clica de vatos locos, vatos con estilo, elegancia y eran “machines” (rudos y fuertes) para poner en alto el nombre de su Barrio. (more…)
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Ser norteño es levantarse con el sol y acostarse después de la faena…Saber de tempestades y fuertes calores, conocer el valor de la tierra y amar cada gota de agua, es llevar en las venas la savia norteña.
Consagrar el esfuerzo de los brazos familiares al pedazo de tierra “Temporalera”, reforzar la besana con el sudor de la frente y sentarse a comer el producto en la unción del hogar frente a una chimenea de brasa de mezquite seco, es tener fibra norteña. Amar el desierto sabiendo el tesoro que entraña y trabajar sin grilletes, es ser producto de esos terrones y de esas arenas.
Vestir bien donde no hay tiendas de ropa, desconocer los andrajos donde no se siembra algodón, ni telares existen y saber calzar desde los primeros pasos, eso es vivir en costumbre del Norte.
Domar una bestia y saberla cuidar… andar a caballo y guarnecer el carro de tracción animal es un diario trajín donde el vicio es el trabajo.
Ser tan fuerte como alto, tener manos callosas, calzar buenas botas y tener un buen sombrero de anchas alas… eso es ser norteño.
Brindar amistad y espantar la miseria son cosas de allá. La tortilla de harina de trigo y la carne abundante, alimentos principales son en la dieta del llano.
Escribir, leer y soñar son cosas que se aprenden bajo el sol y a muy temprana edad sin importar que no haya escuelas, no cabe el analfabeta en lo inmenso del desierto, porque allí la educación se mama y la instrucción se obtiene de los adultos.
La mentira se persigue como la cascabel y la verdad impera en los labios del norteño, que solo sabe lo que es.
Impera el respeto Juarista por lo ajeno, se ofrece, no se roba, ni se pide, es la ley de los monteros.
Santuario de energía, de amor y de respeto es el hogar.
Ser norteño es saber ser esposo, saber ser padre, saber ser ciudadano.
Canta con el alma, la armonía es la quietud y la belleza de la paz, no hay ruidos sino notas de silencio; el corrido es la prolongada y bella expresión ante la inmensa soledad, porque se expresa en un trino, el calmado viento, las arenas y el infinito azul del cielo, en ello se envuelve la trama de la pasión y el amor de los hombres y sus caballos de los llanos.
“¡Tierra a la vistaaaa!”, voceaba Rodrigo de Triana desde la Niña.El marinero sevillano, encaramado al palo mayor de la carabela, estaba en sus cabales. Dos meses viendo sólo cielo y mar -el tiempo transcurrido desde que la expedición, comandada por el almirante Cristóbal Colón, saliera de Palos de la Frontera (Huelva)- habían hundido la moral de la tripulación. Pero Rodrigo de Triana no alucinaba. Esta vez no. A pocas brazas de la Niña, con el mar en calma, el tañido insistente de una pequeña campana amarrada a la cubierta de la Santa María, la nave capitana, sobresaltaba a la marinería en la madrugada del 12 de octubre de 1492. Era el anuncio de un nuevo mundo. Y aquel repique frenético de metal, el primer sonido del Descubrimiento. (more…)

